domingo, 24 de julio de 2011

Nuestro primer domingo juntos






No soñamos los domingos. No, no lo hacemos. Yo lo vivo con indiferencia, como un día más y, al anochecer, me olvido de soñar.

Pero este día fue distinto. No fue un domingo normal, no fue uno más del montón. Desde el inicio fue diferente, y lo mejor es que ya sabía que iba a ser así. Días antes lo había pensado, y quizás ella también.

Y lo sabíamos y lo esperábamos. Yo lo esperaba. Y lo esperaba con lluvia, con frío, contigo. Tal y como sucedió, ¿lo recuerdas?

Te recuerdo que empezó temprano. Desperté y vi que el sol estaba ausente. Típica mañana de invierno en Lima. Niebla espesa, ligera llovizna. Como las mañanas que me gustan, incluso en domingo.

Es que ya te dije, no era un domingo cualquiera, era un domingo especial, o mejor dicho, estaba en camino de serlo, porque en unas horas, apenas iniciada la tarde, pasaría lo que ahora te estoy contando.

Tenerte tan cerca, como un jueves, lunes, miércoles, el día que sea, pero en domingo, no es usual. Por eso sabía que en el primer segundo de verte sentiría algo más de lo que siento cuando estoy contigo. No era quererte más, no. Fue confirmar, sí, fue eso, que mientras te beso, lo nuestro no es tan fugaz como nuestro inicio. Ese que nos sorprendió a nosotros mismos, pero que intuíamos sería mágico, como lo sigue siendo ahora.

Y sabemos que lo será más tiempo. "Te voy a querer siempre". Ambos pronunciamos palabras que pueden parecer ilusorias, pero que a nosotros nos convencen. "Quiero estar contigo siempre". Palabras que las podría decir cualquiera, pero que en tu boca, y sé que sabes que en la mía, suenan verdaderas. "Nos vamos a querer toda la vida". Sí, mi amor, toda la vida.

Y te lo puedo asegurar hoy, luego de estar contigo, un domingo. Un domingo en el que además de mirarte, besarte, abrazarte, te puedo decir más cosas de las que podría haberte dicho mientras veíamos cómo caían las gotas de lluvia encima de un parabrisas. Porque hoy no necesité desear que llueva. Hoy sentí la lluvia, la felicidad que ella me trae, con solo pasar nuestro primer domingo juntos. Y no, no fue un sueño.



[17.07.11]

lunes, 11 de julio de 2011

Pasos mojados





¿Qué es lo que pienso en invierno? Usualmente en encontrarme con ella. ¿Acaso eso mismo no lo pienso en verano? No.

La verdad, podría haber dado una respuesta afirmativa a la segunda pregunta, pero no me interesa ser deshonesto en este momento. Lógicamente, en verano también quiero estar con ella, pero no tanto como en invierno, porque el sol no se compara con la lluvia, mucho menos cuando ésta cae junto con la tarde y me sorprende en una calle desierta.

¿Acaso no se han encontrado nunca en esa situación? A mí me pasó hoy. Y un par de días más durante la semana.

La primera vez fue la más especial, quizás, por lo inesperada de la lluvia, por su constancia, por sus delicadas, finas, estilizadas gotas de agua, que acariciaban mis mejillas, mi frente descubierta.

Ese día caminé con la ropa húmeda, tentando un resfriado, cerca de una hora. Llevaba prisa, pero iba sin apuro, porque mientras mis zapatos resonaban en los breves espejos sobre la vereda, pensaba en cómo sería caminar con ella bajo esas mismas circunstancias.

Y cuando imaginé esa situación, qué difícil se me hizo dejar de hacerlo. Qué difícil y qué feliz.

Ella me abrazaba y yo a ella. Ambos en silencio, pero un silencio cómplice en nuestra idea de conservar en el recuerdo cada aspecto del paseo. De vez en cuando un beso, una mirada de ternura. También una sonrisa, mas no una palabra que la estimule, porque una sonrisa genuina, en ese momento, no necesitaba frases, solo el simple hecho de la lluvia y su compañía.

Lo mismo imaginé al día siguiente y de igual manera hoy, cuando al regresar a casa la lluvia me encontró andando solo.

¿Por qué debo estar solo? ¿Por qué solo tengo que imaginarte conmigo? ¿Por qué, cuando por fin te encuentro, te pierdo tan rápido?

Es cierto, ya no caminaba, estaba sentado frente a una pantalla. Así como estoy ahora, queriendo decirte muchas cosas, las mismas que ya sabes, pero que me encanta repetirte. Afuera está lloviendo, y no sabes cuánto te quiero aquí conmigo. Te parece si te invito a oír la lluvia, la próxima vez, digo. Y así, en una noche como esta, no tenga que decir: "Ese día debió llover", porque ya lo habré vivido contigo.



[10.07.11]