
No soñamos los domingos. No, no lo hacemos. Yo lo vivo con indiferencia, como un día más y, al anochecer, me olvido de soñar.
Pero este día fue distinto. No fue un domingo normal, no fue uno más del montón. Desde el inicio fue diferente, y lo mejor es que ya sabía que iba a ser así. Días antes lo había pensado, y quizás ella también.
Y lo sabíamos y lo esperábamos. Yo lo esperaba. Y lo esperaba con lluvia, con frío, contigo. Tal y como sucedió, ¿lo recuerdas?
Te recuerdo que empezó temprano. Desperté y vi que el sol estaba ausente. Típica mañana de invierno en Lima. Niebla espesa, ligera llovizna. Como las mañanas que me gustan, incluso en domingo.
Es que ya te dije, no era un domingo cualquiera, era un domingo especial, o mejor dicho, estaba en camino de serlo, porque en unas horas, apenas iniciada la tarde, pasaría lo que ahora te estoy contando.
Tenerte tan cerca, como un jueves, lunes, miércoles, el día que sea, pero en domingo, no es usual. Por eso sabía que en el primer segundo de verte sentiría algo más de lo que siento cuando estoy contigo. No era quererte más, no. Fue confirmar, sí, fue eso, que mientras te beso, lo nuestro no es tan fugaz como nuestro inicio. Ese que nos sorprendió a nosotros mismos, pero que intuíamos sería mágico, como lo sigue siendo ahora.
Y sabemos que lo será más tiempo. "Te voy a querer siempre". Ambos pronunciamos palabras que pueden parecer ilusorias, pero que a nosotros nos convencen. "Quiero estar contigo siempre". Palabras que las podría decir cualquiera, pero que en tu boca, y sé que sabes que en la mía, suenan verdaderas. "Nos vamos a querer toda la vida". Sí, mi amor, toda la vida.
Y te lo puedo asegurar hoy, luego de estar contigo, un domingo. Un domingo en el que además de mirarte, besarte, abrazarte, te puedo decir más cosas de las que podría haberte dicho mientras veíamos cómo caían las gotas de lluvia encima de un parabrisas. Porque hoy no necesité desear que llueva. Hoy sentí la lluvia, la felicidad que ella me trae, con solo pasar nuestro primer domingo juntos. Y no, no fue un sueño.
[17.07.11]
Pero este día fue distinto. No fue un domingo normal, no fue uno más del montón. Desde el inicio fue diferente, y lo mejor es que ya sabía que iba a ser así. Días antes lo había pensado, y quizás ella también.
Y lo sabíamos y lo esperábamos. Yo lo esperaba. Y lo esperaba con lluvia, con frío, contigo. Tal y como sucedió, ¿lo recuerdas?
Te recuerdo que empezó temprano. Desperté y vi que el sol estaba ausente. Típica mañana de invierno en Lima. Niebla espesa, ligera llovizna. Como las mañanas que me gustan, incluso en domingo.
Es que ya te dije, no era un domingo cualquiera, era un domingo especial, o mejor dicho, estaba en camino de serlo, porque en unas horas, apenas iniciada la tarde, pasaría lo que ahora te estoy contando.
Tenerte tan cerca, como un jueves, lunes, miércoles, el día que sea, pero en domingo, no es usual. Por eso sabía que en el primer segundo de verte sentiría algo más de lo que siento cuando estoy contigo. No era quererte más, no. Fue confirmar, sí, fue eso, que mientras te beso, lo nuestro no es tan fugaz como nuestro inicio. Ese que nos sorprendió a nosotros mismos, pero que intuíamos sería mágico, como lo sigue siendo ahora.
Y sabemos que lo será más tiempo. "Te voy a querer siempre". Ambos pronunciamos palabras que pueden parecer ilusorias, pero que a nosotros nos convencen. "Quiero estar contigo siempre". Palabras que las podría decir cualquiera, pero que en tu boca, y sé que sabes que en la mía, suenan verdaderas. "Nos vamos a querer toda la vida". Sí, mi amor, toda la vida.
Y te lo puedo asegurar hoy, luego de estar contigo, un domingo. Un domingo en el que además de mirarte, besarte, abrazarte, te puedo decir más cosas de las que podría haberte dicho mientras veíamos cómo caían las gotas de lluvia encima de un parabrisas. Porque hoy no necesité desear que llueva. Hoy sentí la lluvia, la felicidad que ella me trae, con solo pasar nuestro primer domingo juntos. Y no, no fue un sueño.
[17.07.11]
