viernes, 25 de noviembre de 2011

Transición






 

Al finalizar noviembre de 2010, no imaginaba que apenas un año después estaría viviendo lo que ahora me ha tocado disfrutar. Por ese tiempo, era difícil imaginar que mi vida pudiera encontrar una pequeña parte, al menos, de la felicidad que siento ahora.

Recuerdo que hace un año mis días no eran los mejores. Empezar en un nuevo trabajo luego de ser separado de otro era un aliciente, pero no lograba sentirme del todo cómodo con mi nueva rutina. “Es solo una etapa de transición”, pensaba, mientras me dirigía de regreso a mi casa cuando terminaba mi jornada laboral a las 5 de la tarde.

Caminar por las calles aledañas a mi nuevo trabajo me gustaba por alguna razón desconocida. Lo que me hace pensar que a casi todo lo que me gusta no le encuentro una explicación. En fin, decía que caminar por esas calles me gustaba. Ya había pasado miles de veces por ahí en años anteriores, pero nunca imaginé que esas veredas que pisaba a los 15 ó 16 años, en el futuro formarían parte de mi ruta de salida del trabajo.

A veces solía sentarme en la banca de un parque a dejar que el tiempo pase. “Esta transición debe servirme para hacer a un lado las preocupaciones”, meditaba al sentir cómo el aire golpeaba mi rostro a su paso. Eran los últimos suspiros de una primavera, que le cedía espacio a un verano que jamás pensé terminaría por enamorarme.

En noviembre del año pasado no era fácil caminar y verme sorprendido por un recuerdo que me haga sonreír. No es que mi vida haya sido triste, solo que, al parecer, los buenos recuerdos habían quedado tan atrás que ya no asomaban a mi mente con frecuencia.

Si alguna vez lo llegaron a hacer, puedo decir que no fueron nada parecidos con los que hoy, por ejemplo, hicieron que mi boca se estire por ambos lados con dirección hacia arriba, y que mis pómulos parecieran llenarse de aire, subiendo ligeramente hacia mis ojos, que por ese movimiento lucían achinados.

Esos días de noviembre eran extraños, pero yo no me daba cuenta. Solo intentaba sobrevivir de la mejor manera. “Es una transición hacia algo mejor”, me repetía constantemente durante el tiempo que duraban mis caminatas. A veces me alejaba más de la cuenta para no llegar a casa tan rápido, a pesar de saber que mi madre estaría esperándome con un plato de comida y con ganas de conversar conmigo de lo que sea.

Y me alejaba porque quería sentirme distraído, porque quería respirar el inicio de la noche desde calles desconocidas. Pero ocurría que mis distracciones no eran siempre las más convenientes en ese momento. Pensaba, por ejemplo, en los temas que me preocupaban, es decir, el dinero, el trabajo y esas cosas. No pensaba en lo que estaría por llegar unos días después… es que, cómo hacerlo, si toda la felicidad que llegó luego jamás la hubiera esperado.

Caminar por las mismas calles que hace un año, ahora solo me hace pensar en lo feliz que soy al lado de una chica maravillosa. Una chica que no asomaba por mis pensamientos por esos días, pero que ahora no deja de estar presente y llena mi vida de felicidad a cada segundo.

A veces, como hoy, pienso en cómo me iba en noviembre de 2010, y me parece tan radical el cambio que pude experimentar en apenas un año, que no dejo de sorprenderme. Este noviembre, incluso, me ha regalado días de lluvia, que el año pasado no podía siquiera prestarme por unos segundos. Este noviembre he podido disfrutar de momentos inolvidables, como el hecho de dormir abrazado a mi chica por unos minutos, verla despertar y darle uno de los mejores besos que recuerde.

Las cosas que he vivido en este noviembre han sido maravillosas, como lo ha sido todo el tiempo desde que estoy con ella. Por eso, pensar y recordar noviembre pasado es como si me pusiera a hablar de una vida lejana, tan lejana como lo eran mis recuerdos felices en ese tiempo.



[23.11.2011]

sábado, 24 de septiembre de 2011

Si dependiera de mí...








¿Qué harías si pudieras decidir algunas cosas sobre las que no tienes mucho poder? Estuve pensando en esa pregunta mientras regresaba a casa. Entonces, miré a la ventana y me dije: Si dependiera de mí…

  • El año solo tendría invierno.
  • El invierno solo tendría lluvia.
  • La lluvia no opacaría el cielo.
  • El cielo siempre tendría Luna.
  • La Luna saldría de día.
  • El día no sería más que la noche.
  • La noche dejaría ver siempre las estrellas.
  • Las estrellas tendrían un solo nombre.
  • El nombre que les pondría fuera el tuyo.
  • Tuyo siempre sería yo.
  • Yo estaría siempre a tu lado,
  • El lado izquierdo o el lado derecho.
  • El derecho sería de darnos siempre un abrazo.
  • El abrazo siempre iría acompañado de un beso.
  • El beso siempre después de un te amo.
  • El te amo solo podría decirse a los ojos.
  • Los ojos nunca encerrarían mentiras.
  • Las mentiras fueran siempre una broma.
  • Las bromas nunca tendrían mal gusto.
  • El gusto solo sabría de dulces.
  • El dulce solo lo hallaría en tus labios.
  • Tus labios solo besarían los míos.
  • Los míos nunca estarían a la espera.
  • La espera por verte terminaría ya mismo.
  • En el mismo momento en que pongo este punto.



 [22.09.2011]

lunes, 15 de agosto de 2011

Luna perfecta de agosto






¿Por qué me gusta agosto? Porque es un mes de invierno, frío, con mucho viento, con noches de niebla, con lluvia... y a veces se puede ver la Luna.

Siempre he pensado que los días de invierno en los que no llueve no deben ser llamados así, porque para mí, un invierno sin lluvia, una noche invernal sobre todo, puede ocurrir en cualquier otra estación y siempre luce igual.

Sin embargo, aunque en la noche de ayer no haya habido lluvia, mas sí una grande y hermosa luna, puedo decir que fue una noche perfecta, de esas que van a quedar en la memoria para siempre y que, por una grata coincidencia de la vida, tuvo lugar en pleno agosto.

Siempre he pensado que cuando se hace planes, las cosas nunca salen como uno las espera. Y al parecer eso fue lo que nos sucedió a nosotros. Todo estaba saliendo bien, los planes estaban dando resultado, estábamos a segundos de empezar una noche maravillosa, pero algo salió mal. No fue tu culpa, tampoco mía. Fue esa frase con la que empecé este párrafo la que no quiso dejar de ser cierta y nos sorprendió en el momento menos indicado.

Entonces tuvimos que enfrentarla. Bajo la presencia de la luna algo cubierta por la niebla, tú y yo pensando en el porqué sin respuesta de esa situación. No era el fin del mundo, no, no lo era, pero ese momento bien que lo parecía.

Por eso, luego, nuestras preocupaciones, pensaba, son como esa capa de niebla que cubre la belleza de la luna llena, que no la deja ser admirada en su total brillantez, pero que está ahí, presente, para recordarnos que si nos esforzamos un poco en esparcirlas, no en borrarlas, tan solo haciéndolas a un lado por esa noche, podríamos terminar descubriendo algo hermoso.

No sé si lo entendimos de ese modo. Puede que lo haya pensado, pero no te puedo asegurar que hice lo que pensaba, al menos no de manera consciente. Simplemente, me gustaría decir que, lo que sucedió luego, así como lo que nos había pasado, fue algo que
escapó de los planes.

Aunque esta vez fue diferente. Ya no se trataba de una sorpresa tormentosa, sino de lo increíblemente bello que puede llegar a ser un hecho inesperado, un momento que había imaginado, sí, pero no para ese día.

Yo quería que fuera en una noche de lluvia, ambos mirándonos, abrazados, sintiendo suaves gotas caer en nuestros rostros. Pero no, esa noche me había enseñado que las cosas perfectas no se planifican, por eso debía hacerlo ya, de una vez. Entonces, me ayudaste a que así sea.

¿Cuánto es un montón?, me preguntaste. Un montón, te respondí. Fue tonto, lo sé, pero también me di cuenta que me entendías, que sabías lo que vendría. Sentía en ti una especie de paciencia por mis nervios, que en ese momento iban cargados de mucha emoción.

Entonces supe que no debía perder más tiempo, que ya había sido suficiente tu espera, que ese era el momento, que ya no había que buscar la lluvia, que la perfección estaba ahí, con la luna en alguna parte, con tus ojos puestos en los míos, con los míos un tanto huidizos pero muy quietos en los tuyos al liberar, después de unos segundos de silencio, las palabras que explicaran el montón que nos hacía falta definir.

Y fue ahí cuando lo dije. Mas antes de pensar en otra cosa, busqué abrazarte. Tal vez no quería pensar en algo, solo quería abrazarte, insertarme en el mundo que me acogía en tus brazos, refugiarme allí, sentirte cerca mío, transmitirte a través de mis brazos, del contacto de nuestros cuerpos, todo lo que encerraba esa frase que te acababa de decir.

Temía que no me creas, pero igual iba a temer eso cualquier otro día. Entonces, quizás, recordé que era una noche de agosto, con la luna en el cielo del mes que me gusta. Era una noche perfecta a pesar de la escasez de la lluvia, de lo que sucedió al principio, de los miedos que poco a poco se iban transformando en una serie de magia absoluta que me encantó descubrir al oír tus palabras.

En ese mismo instante pensé que había sido un tonto. No debí haber temido nada. Estaba seguro del sentimiento que albergaba por ti. ¿Por qué temer decirlo, entonces? No lo sé. Así soy yo. Te amo y es tan genial sentir que te amo. Es tan perfecto decir que te amo. Es tan grandioso escucharte decir "te amo".

Ambos lo sabemos ahora. Me siento más que feliz, completo. ¿Hace falta preguntar por qué, entonces, me gusta agosto? Ya no es por sus vientos, por su niebla, por sus gotas de lluvia, por su luna invernal. Es por ti, por esa noche llena de emociones que me regalaste. Por esas primeras horas del día siguiente que pasamos. Por todo esto que vivimos hoy y que es el nuevo inicio de nuestra vida siempre juntos. Una vida que ambos confiamos, podemos lograr.



[14.08.2011]

lunes, 8 de agosto de 2011

Deseos de lluvia






Déjame decirte algo. Tal vez se trate de algo que quieras oír. Quizás sea algo que has estado esperando que te diga. O de repente no sea algo que esté en tus pensamientos. De todos modos, déjame decirte que...

  • Ojalá hoy haya podido estar contigo más tiempo.
  • Ojalá siquiera haya llovido en la tarde.
  • Ojalá Carolina pudiera dar abrazos.
  • Ojalá pudieras acompañarme al caminar.
  • Ojalá hayamos inventado la luna en el cielo juntos.
  • Ojalá haya visto anochecer a tu lado.
  • Ojalá no tenga que estar escribiendo.
  • Ojalá pudiera hablarte más cerca.
  • Ojalá las palabras no se atropellen.
  • Ojalá pudiera ser más claro.
  • Ojalá tu sonrisa pueda ser real.
  • Ojalá no tenga que imaginarla.
  • Ojalá pudieras escucharme decir que te quiero.
  • Ojalá supieras, de verdad, cuánto te quiero.
  • Ojalá no se escape una lágrima mientras escribo.
  • Ojalá que extrañarte no sea tan difícil.
  • Ojalá estés pensando en mí en este segundo.
  • Ojalá no tengas que pensar en mí.
  • Ojalá siempre estuviéramos juntos.
  • Ojalá el tiempo comience al mirarte.
  • Ojalá se detenga antes de verte ir.
  • Ojalá te emocione saber que soy tuyo.
  • Ojalá siempre pueda verte reír.
  • Ojalá nunca dejes de quererme.
  • Ojalá tus manos solo me busquen a mí.
  • Ojalá quieras ser siempre mi luna.
  • Ojalá siempre quieras ser para mí.
  • Ojalá esta noche termine pronto.
  • Ojalá realmente estuvieras aquí.
  • Ojalá nunca hayas leído tantos ojalá.
  • Ojalá lo que quiero se pueda cumplir.
  • Ojalá deseemos lo mismo.
  • Ojalá nuestras vidas sean inseparables.
  • Ojalá decir que te quiero nunca sea suficiente.
  • Ojalá siempre haya algo más por alcanzar.
  • Ojalá tenga el valor de decírtelo pronto.
  • Ojalá, ojalá...



[06.08.2011]

domingo, 24 de julio de 2011

Nuestro primer domingo juntos






No soñamos los domingos. No, no lo hacemos. Yo lo vivo con indiferencia, como un día más y, al anochecer, me olvido de soñar.

Pero este día fue distinto. No fue un domingo normal, no fue uno más del montón. Desde el inicio fue diferente, y lo mejor es que ya sabía que iba a ser así. Días antes lo había pensado, y quizás ella también.

Y lo sabíamos y lo esperábamos. Yo lo esperaba. Y lo esperaba con lluvia, con frío, contigo. Tal y como sucedió, ¿lo recuerdas?

Te recuerdo que empezó temprano. Desperté y vi que el sol estaba ausente. Típica mañana de invierno en Lima. Niebla espesa, ligera llovizna. Como las mañanas que me gustan, incluso en domingo.

Es que ya te dije, no era un domingo cualquiera, era un domingo especial, o mejor dicho, estaba en camino de serlo, porque en unas horas, apenas iniciada la tarde, pasaría lo que ahora te estoy contando.

Tenerte tan cerca, como un jueves, lunes, miércoles, el día que sea, pero en domingo, no es usual. Por eso sabía que en el primer segundo de verte sentiría algo más de lo que siento cuando estoy contigo. No era quererte más, no. Fue confirmar, sí, fue eso, que mientras te beso, lo nuestro no es tan fugaz como nuestro inicio. Ese que nos sorprendió a nosotros mismos, pero que intuíamos sería mágico, como lo sigue siendo ahora.

Y sabemos que lo será más tiempo. "Te voy a querer siempre". Ambos pronunciamos palabras que pueden parecer ilusorias, pero que a nosotros nos convencen. "Quiero estar contigo siempre". Palabras que las podría decir cualquiera, pero que en tu boca, y sé que sabes que en la mía, suenan verdaderas. "Nos vamos a querer toda la vida". Sí, mi amor, toda la vida.

Y te lo puedo asegurar hoy, luego de estar contigo, un domingo. Un domingo en el que además de mirarte, besarte, abrazarte, te puedo decir más cosas de las que podría haberte dicho mientras veíamos cómo caían las gotas de lluvia encima de un parabrisas. Porque hoy no necesité desear que llueva. Hoy sentí la lluvia, la felicidad que ella me trae, con solo pasar nuestro primer domingo juntos. Y no, no fue un sueño.



[17.07.11]

lunes, 11 de julio de 2011

Pasos mojados





¿Qué es lo que pienso en invierno? Usualmente en encontrarme con ella. ¿Acaso eso mismo no lo pienso en verano? No.

La verdad, podría haber dado una respuesta afirmativa a la segunda pregunta, pero no me interesa ser deshonesto en este momento. Lógicamente, en verano también quiero estar con ella, pero no tanto como en invierno, porque el sol no se compara con la lluvia, mucho menos cuando ésta cae junto con la tarde y me sorprende en una calle desierta.

¿Acaso no se han encontrado nunca en esa situación? A mí me pasó hoy. Y un par de días más durante la semana.

La primera vez fue la más especial, quizás, por lo inesperada de la lluvia, por su constancia, por sus delicadas, finas, estilizadas gotas de agua, que acariciaban mis mejillas, mi frente descubierta.

Ese día caminé con la ropa húmeda, tentando un resfriado, cerca de una hora. Llevaba prisa, pero iba sin apuro, porque mientras mis zapatos resonaban en los breves espejos sobre la vereda, pensaba en cómo sería caminar con ella bajo esas mismas circunstancias.

Y cuando imaginé esa situación, qué difícil se me hizo dejar de hacerlo. Qué difícil y qué feliz.

Ella me abrazaba y yo a ella. Ambos en silencio, pero un silencio cómplice en nuestra idea de conservar en el recuerdo cada aspecto del paseo. De vez en cuando un beso, una mirada de ternura. También una sonrisa, mas no una palabra que la estimule, porque una sonrisa genuina, en ese momento, no necesitaba frases, solo el simple hecho de la lluvia y su compañía.

Lo mismo imaginé al día siguiente y de igual manera hoy, cuando al regresar a casa la lluvia me encontró andando solo.

¿Por qué debo estar solo? ¿Por qué solo tengo que imaginarte conmigo? ¿Por qué, cuando por fin te encuentro, te pierdo tan rápido?

Es cierto, ya no caminaba, estaba sentado frente a una pantalla. Así como estoy ahora, queriendo decirte muchas cosas, las mismas que ya sabes, pero que me encanta repetirte. Afuera está lloviendo, y no sabes cuánto te quiero aquí conmigo. Te parece si te invito a oír la lluvia, la próxima vez, digo. Y así, en una noche como esta, no tenga que decir: "Ese día debió llover", porque ya lo habré vivido contigo.



[10.07.11]

sábado, 25 de junio de 2011

Lluvia amarilla





¿Por qué nunca le conté a alguien que me gustaba la canción "Yellow", de Coldplay? La verdad, no lo sé. Esa canción me gustó desde que la escuché por primera vez, y desde ese momento supe que algún día tendría un significado especial, aun sin sospechar que llegaría varios años después y de una manera un tanto insólita.

Lo que sucede es que no hablaba con quien sea de este grupo desde hacía bastante tiempo atrás. No valía la pena hacerlo porque, para mí, sus nuevas canciones, es decir, todas las que salieron después de "Yellow", no tenían esa misma vibra que despertara en mí algo que hasta ahora no termino de entender, pero que sí era capaz de tener la amarillenta canción. Aparte, los nuevos temas de Coldplay me parecían hasta ridículos... ustedes sabrán a los que me refiero.

Pero felizmente las canciones son grabaciones que se pueden escuchar una y otra vez, y aunque yo había dejado de escuchar "Yellow" por varios años, hoy la escuché de nuevo y fue junto a ella.

De inmediato pensé en lo que estaba por significar ese momento para mí. Me di cuenta, entonces, que la ocasión de darle un significado especial a esa canción, que había permanecido oculta en mi memoria por casi un lustro, había llegado. Ella conmigo, los dos, oyendo esa canción. Yo cantando en voz baja, ella a mi lado, no tan cerca, pero ahí, conmigo.

No había que pensar más ni seguir reprimiendo lo que tanto había estado buscando: Decirle a la chica que quiero, a ella, que "Yellow" me haría recordarla.

Usualmente, uno guarda canciones para cada etapa de su vida. Yo guardé, por tantos años, "Yellow" para esta que estoy viviendo ahora, y no puedo sentirme más feliz por eso. Es que por más que viví cosas antes de conocer a la chica maravillosa que tengo conmigo actualmente, nunca pensé en ese tema para relacionarlo con alguien en el pasado. Podría decir que al escuchar hoy "Yellow" pude entender un poco mejor lo que es el destino. Y el destino ha sido bueno conmigo. Esta vez sí, aunque no llovió este día.



[25.06.11]